martes, 30 de junio de 2009

Los diez años de Blogger

Blogger ha sido para mí un gran descubrimiento! Me ha permitido expresar mis ideas, mis experiencias y mis aficiones. También me ha ayudado a conocer a personas que tienen intereses muy semejantes a los míos y que se toman el tiempo de leer mis posts. Con Blogger me siento un ciudadano del mundo, pues he descubierto que mis blogs son visitados por personas de distintos lugares de la Tierra, algunos llegados hasta aquí por que el navegador y el buscador le han mostrado mi dirección en la gran Internet.

He descubierto que poseo un talento que estaba oculto: el expresar mis descubrimientos, ideas y emociones a través de un medio escrito, como lo es el espacio que provee Blogger para ello. Blogger me ha ayudado a ir perfeccionándome en este tipo de expresión, lo que ha sido demostrado con emails de lectores que me han felicitado por lo que publico, provocándome una satisfacción personal al saber que puedo ser útil a alguien sin tener que estar presente físicamente.

En agosto de 2009 acontece el décimo aniversario de Blogger y, de antemano, expreso mis agradecimientos a este medio y a todos aquellos internautas que dedican parte de su tiempo a leer y a seguir mis distintas publicaciones, manifestadas en mis blogs "Al-Usul, Al-Wusul", "Redimiendo a mis raíces", "Bitácora de mi bicicleta" y a mi recien nacido "Genealogía e historia familiar en Chile".

MUCHÍSIMAS GRACIAS BLOGGER E INTERNAUTAS DEL MUNDO !!!

miércoles, 24 de junio de 2009

Encontrando a la familia en Internet

Ésta fotografía ha permitido el "encuentro" de descendientes de dos líneas familiares que se unen en un antepasado común, un chileno de la Isla de Chiloé, Chile, del ya distante principio del siglo veinte.

En el verano del año 2007 (la fecha está impresa en la fotografía misma) mi hermano y yo visitamos fugazmente la Isla de Chiloé y nos encaminamos hacia la tierra de los antepasados de mi madre. En un día y medio visitamos varias importantes localidades, pero nuestro destino era la costa Este de la isla, en la zona que fue el refugio y residencia de los padres de mi abuelo materno: el puerto de Queilen. Luego de estar allí y al comenzar a regresar por el camino que nos llevaría de regreso a Chonchi, tomamos el desvío a la caleta Detico, lugar en donde mi abuelo residió en su juventud. Tomamos varias fotografías para el recuerdo, y una de ellas fue la que puse en el sitio web "Panoramio", y es la que está en este post.

Ayer, revisando mi casilla de correo electrónico, encontré un mensaje de Panoramio en el que se me informaba que había sido escrito un comentario en relación con mi fotografía de Detico. La persona que firmaba el comentario tenía un apellido familiar: el materno de mi madre. Escribí inmediatamente un mensaje a la dirección de correo electrónico que aparecía, y hoy me fue respondido. Resultado: el "comentarista" ¡resultó ser un pariente! El antepasado común, en mi caso, es mi bisabuelo materno don Benito Pérez Avendaño.

Firmemente creo que el encontrar a representantes de descendientes de otra líneas de la familia es muy gratificante, pues lo que llega a compartirse con ellos tiene que ver con cálidos lazos fraternales que unen verdaderas redes en los que han crecido y se han desarrollado integrantes de distintas generaciones, cada cual con sus costumbres y valores propios, de los cuales uno llega a ser el resultado final, una especie de amalgama de elementos incorporados por aquellos: un ser humano que, si no tiene por compañía a su historia familiar, no llega a comprenderse cabalmente a sí mismo.

Por eso digo ¡Viva el buen uso de la Internet! y ¡Bravo, por los buenos sitios web!

lunes, 27 de abril de 2009

Levantando la vista y limpiando el interior

He descubierto, tras levantar un poco más la vista, algo que se puede aplicar a la vida interior de una persona, aún de mi mismo.

Hasta hace poco, el salir de mi trabajo y alcanzar a efectuar algunos trámites y necesarias compras en el supermercado, antes de regresar a casa y encerrarme en ella, había sido una tradicional costumbre mía. En este ya tradicional trayecto desde mi trabajo, y hasta el lugar en el que subo al transporte público, no hacía más que recorrer las calles del centro de mi ciudad observando horizontalmente y en sólo cierto ángulo vertical de la panorámica: desde el suelo y hasta las vitrinas de los locales comerciales y unas pocas veces los anuncios publicitarios que requieren que el cuello se incline hacia atrás más de veinte grados o que la vista se lleve más allá de nuestra tradicional costrumbre. Un día me 'animé' a mirar qué había más arriba, desde el segundo piso de las edificaciones y aún más allá, y ... ¡oh!, ¡sorpresa!, un "nuevo mundo" apareció ante mis ojos. La verdad es que lo que hay más allá ha estado allí por mucho tiempo, pero lo "tradicional" o lo que es "normal" realizar me había quitado la oportunidad de ver detalles y otros elementos pertenecientes a la arquitectura urbana, especialmente en las edificaciones más antiguas. Tras los letreros luminosos y de los de publicidad estática están las verdaderas fachadas de los edificios, ocultos por la parafernalia que nos invita a acercarnos a la tienda y a comprar. Descuidados muros, estucos derruidos, modernos recubrimientos desprendidos; ventanas que alguna vez permitieron observar la calle desde lo alto, pero que ahora muestran desorden hacia el interior, etc., o sea, tras la "fachada" o "cáscara" o "imagen" o "apariencia" existe otra versión de las cosas, ¿o la real?.

Meditando en cuanto a este 'descubrimiento' recordé algo relacionado con estas apariencias en la propia conducta humana: "... limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia."; "... sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad." (Mateo 23:25-28). Esta tendencia humana a enmascarar, maquillar u ocultar lo que es feo, en vez de reestructurar, deshacerse definitivamente de lo corromopido e inútil es muy antigua, y es propia del conformismo y de procurar 'economizar' o hacer el mínimo esfuerzo antes de efectuar un más doloroso cambio. Ya no me refiero a lo tangible, material o físico, si no que a la transformación en un ser viviente "mejor". Creo firmemente que éste es el mensaje del Evangelio, no cambiar la apariencia externa de la persona o una manera mentirosa de actuar, si no que efectuar un cambio interno que, en forma consecuente, produce cambios externos.

Si el ser humano ha sido tradicionalmente formado desde su infancia o el entorno cercano, con elementos que le hacen preocuparse principalmente de lo que debe aparentar y no de lo que debe ser, se transforma en "pura cáscara", sin contenido valioso.Pero ésto se puede revertir. Cuando un inversionista adquiere un inmueble que es viejo pero al que vale la pena conservarlo, por que es hermoso o representa algo importante, debe efectuar un financiamiento acorde con su preservación y hacerlo un lugar atractivo. En estos casos el costo inicial es alto y, probablemente, la recuperación de la inversión es a largo plazo, aunque con contínua amortización con los ingresos de dinero. Me imagino que es lo mismo con una persona, y éste es el deseo del Creador hacia nosotros: nuestra transformación hacia una clase de ser superior o perfeccionado, abandonando modos o posturas falsas o malignas, básicas, degradantes o hasta animalescas. Nos invita a usar nuestras emociones para ser positivamente proactivos y constructivos y no malignamente reactivos.

'Levantar la vista', hacernos una instrospección (comparándonos con el Modelo), evaluar si somos duraderamente felices con nuestra tradicional y reactiva manera de ser, y luego limpiar ese interior de nuestro 'vaso', realizando una fuerte inversión (a veces dolorosa) debe ser el proceso a seguir. El resultado será la amortización de una parte de la cuantiosa deuda que hemos creado en nuestro paso por esta vida, lo que da paz y energía para seguir el duro camino de ganar experiencia en esta nuestra existencia terrenal. Si hacemos esos cambios, el resto de la deuda ya está pagada, no nos será cobrado y estaremos libres del justo castigo que se aplicará al estafador.

¡YO LO HE PROBADO, LO HE DISFRUTADO, Y LO VUELVO A DISFRUTAR CUANDO ME EVALÚO Y HAGO CORRECCIONES EN MI VIDA!

jueves, 9 de abril de 2009

La cantera de Metrenco: algo de su historia

Suicidios, accidentes y otros hechos son asociados a la existencia de la denominada Cantera de Metrenco, ubicada a unos tres kilómetros al Sur de Padre las Casas, en la comuna del mismo nombre, y a unos ocho desde Temuco, en la misma dirección cardinal.

La literatura que conozco hace referencia por primera vez de aquel sitio en el libro "Diez años en Araucanía 1889-1899", cuando el joven ingeniero belga Gustave Verniory señala que la vía férrea en construcción, desde Temuco a Pitrufquén, debía pasar por el extremadamente duro terreno de Quinquer, como se denominaba al sector antes de ser renombrado. Mucha pólvora y dinamita debió utilizarse para aplanar el lugar, e incluso debió excavarse un túnel de doscientos metros en la roca viva para cumplir con el trazado diseñado por los ingenieros. En uno de los pozos construidos para el efecto de dinamitar y producir el desprendimiento de toneladas de roca, ocurrió un lamentable accidente laboral. Un obrero que encendió la mecha de una carga explosiva al interior de un foso murió destrozado por la explosión, al caer al fondo tras cortarse la cuerda por la que subía a la superficie. Posiblemente la caída lo dejó inconsciente y no pudo apagar o quitar la mecha, lo que le hubiera permito sobrevivir.

La durísima tarea de allanar el sector demoró muchos meses, lo que hizo pensar a Verniory en modificar el trazado ferroviario, unos metros más hacia el Este. Una vista áerea (con GoogleEarth) muestra que la vía férrea efectivamente se desvía hacia el Este en una larga curva que "rodea" a la hoy conocida Cantera de Metrenco.

Los estudios científicos señalan que el afloramiento de la roca, manifestado en aquel peñón, es del "tipo andesítico y basáltico afaníticas, grises oscuras, algo negruzcas", o sea de características volcánicas: "andesita: roca volcánica compuesta de andesina, propia de la Cordillera de Los Andes"; "afanítico: microcristalino". Se piensa que un ciclo eruptivo pre miocénico habría generado aquel tipo de cerro de roca, o sea, hacen más de 25.000.000 de años atrás.
Acceso a la cantera, desde el lado de la vía férrea

Hacia principios de los años 1900, de aquella cantera se extraía piedra para el adoquinado de las principales calles de la ciudad de Temuco, vestigios que aún se pueden observar, por ejemplo, en el tramo de Avenida Balmaceda que pasa por el frente del Cementerio General de Temuco y en algunas calles perpendiculares aquella, en el mismo sector.

En el año 1958, un destacado ciudadano alemán e importante comerciante, industrial e inversionista de la ciudad de Concepción, don Julio Plesch Asmus, regularizó la posesión de aquellos terrenos comprando un retazo de casi cinco hectáreas a la Comunidad Rapimán, en la que se encontraba la cantera. En aquella época el señor Plesch llevaba extrayendo piedra por más de veinte años, mediante varias concesiones de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, instalando una gran faena en el mismo lugar, con una planta de chancado en la que producía balasto para las vías férreas, siendo el administrador de aquella industria el ingeniero civil industrial don Carlos Hepp Klapp.

Antiguo anuncio publicitario de la firma de don Julio Plesch

En el año 1968 el señor Plesch inscribe la manifestación minera y la pertenencia minera en el Registro de Minas del Conservador de Bienes Raíces de Temuco, señalando haber decubierto "un yacimiento de oro, fierro, rocas y otras pastas, siendo la roca el material que contiene los metales antes anotados.- El punto de hallazgo se encuentra a unos doscientos metros al Oeste de la línea del Ferrocarril y a unos veinticinco metros al Este del antiguo Camino Público a Temuco.-".

Al descontinuarse el contrato con la Empresa de Ferrocarriles del Estado, la planta paralizó sus faenas, siendo explotada más tarde por otras empresas, como por ejemplo "Gender Limitada".

Al fallecer el señor Julio Plesch Asmus, sus descendientes inscribieron los terrenos a su favor. Actualmente los terrenos que ocupa aquella gran excavación se encuentran en la ex comunidad mapuche que encabezó el cacique Antonio Rapimán, en el lugar Licanco, y se identifica como Hijuela número 112 en la división que hizo el Instituto de Desarrolo Agropecuario de aquella ex comunidad.

miércoles, 1 de abril de 2009

Historiador Familiar

La cantidad de tiempo que llevo realizando búsqueda de información y estudiando los antecedentes reunidos, referentes a mis ancestros, me han permitido ganar bastante experiencia y ya me considero un profesional en la investigación histórica familiar. He creado otro blog en el que expongo temas de interés y en el que también ofrezco mis servicios como investigador. Quien tenga el interés de cómo saber más acerca de sus antepasados pueden ver mi blog haciendo click aquí.

Aquí aparezco leyendo un microfilm

Aunque el tener que cumplir con un horario de trabajo, como empleado en un medio relacionado con el ámbito legal inmobiliario, me impide tener más tiempo para realizar la tarea de hallar datos y documentos que me ilustren sobre las personas y "la vida y obras" de todos aquellos que he ido encontrando, tengo la impresión que tengo lo suficiente para escribir la historia de una de mis ancestrales ramas familiares.

Conversando sobre el tema con diferentes personas, me han comentado el que desean conocer historia de sus familias, pero que es muy difícil para ellas, ya que "nadie ha guardado papeles", o "los botaron a la basura", o les han dicho que "no existe información". A todos ellos les he relatado mis variadas experiencias sobre el asunto, hasta aquellas que se pueden considerar como milagrosas, por la manera inexplicable en que antiguos documentos originales han aparecido, dándome las más perdurables satisfacciones y alegrías al conocer sobre la existencia de gente que alguna vez vivió y que han sido olvidados por no haber dejado diarios de vida u otros recuerdos de su pasada por este mundo. Mi testimonio es que siempre hay algo que nos vinculará con ese antecedente que nos declarará la presencia, en alguna pretérita época, de una persona que fue nuestro ancestro o alguien que con su presencia influyó en nuestra familia. Inclusive me he dedicado a averiguar información histórica sobre los lugares en los que mis antepasados habitaron y el contexto histórico en el que sus vidas se desenvolvieron, de manera que tengo una visión más cabal sobre ellos, entendiendo sus penurias y las decisiones que tuvieron que enfrentar en algunas épocas de sus vidas.

Año 2007. Personas que capacité sobre historia familiar, en la localidad de Cunco

Este interés de otras personas por la búsqueda de historia familiar y de parientes ya idos de este mundo, y de su "imposibilidad" de hallar documentos relacionados con ellos, me ha dado la idea de ofrecer mis servicios remunerados, con las respectivas formalidades de carácter legal tributario, como lo es el tener declarada una Iniciación de Actividades, con la respectiva emisión boletas de honorarios, por lo que desde ya estoy disponible al requerimiento de cualquier persona interesada que desee saber sus orígenes o sobre aspectos históricos de su familia, especialmente chilenas, de cualquier lugar del país, aunque puedo dar orientación en la búsqueda de ancestros que hayan llegado a Chile con el carácter de colonos, o con otros motivos.

Tras una búsqueda detallada, aparece la información

La tarea de investigación tiene muchas facetas. En algunas ocasiones el avance es extraordinariamente rápido, pero en muchas otras sólo existen incógnitas y hay que utilizar pocos datos y utilizar el método de extrapolar y seguir "tincadas", hasta lograr el hallazgo del documento que atestigüe o verifique aquel dato que enriquecerá el contenido de la historia familiar. Es por ello que en la investigación histórica y genealógica los plazos son relativos. Los antecedentes iniciales correctos y fidedignos ayudan mucho en la búsqueda de otros, y en la rapidez de encontrar nuevos. Las historias y la tradiciones orales que estén en la memoria de una persona pueden ayudar en una orientación general, pero aquel "viejo papel" que está guardado en algún rincón de sus pertenencias es quizás el punto de inicio en la dirección correcta. También me es necesario declarar que a medida que se requiera encontrar información cada vez más antigua, el tiempo empleado por el investigador para hallarla es aumentado proporcionalmente; lo mismo se aplica a familias constituidas en zonas extremas del país, en donde el registro de personas no siempre es posible hallarlo de manera inmediata.

No me puedo autodenominar un "genealogista", ya que para mí este término no explica la real dimensión de mi trabajo, por lo que me he puesto el título de "Historiador Familiar", el que me satisface más plenamente, debido a que posee una doble función: genealogista e historiador. Los términos están definidos en el Diccionario de la Real Academia Española, de la siguiente forma:
  1. Genealogista. Persona entendida en genealogías y linajes, y que escribe sobre ellos.
  2. Historiador. Persona que escribe historia.
Éste es mi ofrecimiento: ayudar a abrir las puertas al conocimiento de vuestros ancestros y al encuentro con las raíces, que le ayudarán en la comprensión del porqué de su manera de ser. ¡Queda hecha la invitación!

Ésta es mi dirección de correo electrónico:

historiador.familiar@gmail.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

De porqué amo el mar...

Emotivo me ha sido reconocer que mis venas llevan un gran porcentaje de "sangre chilota", por mis ascendientes maternos. Los ancestros paternos de mi madre son de la zona de Detico, cercana a Queilén, en la región Sur Oriental de la Isla de Chiloé, y los maternos son de la Isla Lemuy, cruzando el Canal Yal, casi frente a la localidad de Chonchi, al Sur de Castro.

Rumbo a Chacao, abordo del "Gobernador Figueroa"
Palafitos de Castro
Queilén, desde el mirador
El faro de Punta Queilén
Caleta Detico, a seis kilómetros de Queilén
Desde Chacao a Pargua

El día 10 de marzo recién pasado, en el día del cumpleaños de mi madre, conversando con su hermana, mi tía Georgina, acerca de la historia de la familia materna todos "chilotes netos", con emoción comprendí de dónde proviene mi gusto, aprecio y amor por el océano. Ella me relató que varios hermanos varones de Rosa Pérez, mi abuela materna (naturales de la isla Lemuy, al sur de Chonchi), fueron navegantes en la zona de los canales de la Isla de Chiloé y en las rutas hacia la región más austral de Chile, Aysén y Magallanes. La familia de mi abuelo materno también fue de chilotes, de la zona de Queilen.

Recordé, también, que hace muchos años mi madre comentaba con amistades de lo embelesado que yo observaba la bahía y los buques que se hallaban en la Base Naval desde un departamento perteneciente unos amigos, padrinos de bautismo infantil de mi hermana, ubicado en el cuarto piso de un edificio en la calle Colón del puerto de Talcahuano. Eso debió ocurrir a principios de los años setentas. A fines de esa década, cuando estaba por ingresar a la enseñanza media, mi madre me entregó un sobre que había llegado por Correo, dentro del cual venía un folleto de la Escuela Naval Arturo Prat. ¡Me devoré toda lectura! ¡Eso era lo que yo quería ser: un oficial de la Armada de Chile! Mi madre estaba de acuerdo... pero mi padre, por razones que nunca conocí, nunca me dio su aprobación o consentimiento. Esa ha sido una de mis frustraciones existenciales.

Más tarde, en el año 1982, cuando estuve de pensionista en el mismo domicilio descrito anteriormente, debido a mis estudios universitarios, los grandes ventanales de aquel departamento me transportaban a esa mágica visión del puerto, sus buques y barcos. Una de las actividades extracurriculares que escogí en la Universidad fue un curso de navegación a vela. En la bahía, el Club de Yates de la universidad tenía un pequeño velero de la clase "Snipe", en el que con otros compañeros aprendimos de nombres de cuerdas, amarras, de "babor" y "estribor", de la vela "mayor" y del "foque", de "puños" y "sables", y de las nociones de la navegación con el impulso de la brisa marina. Era un real placer el navegar.

Y así, el transportarme sobre las diversas superficies acuáticas, abordo de una nave de cualquier tamaño, siempre ha sido un deleite para mí. Dos de las aún recientes experiencias de navegar, que recuerdo con alegría y mucho agrado, tuvieron que ver con un viaje de vacaciones con mi hermano en el verano del año 2007, y, poco después, para el cumpleaños de mi madre. En el primer viaje pudimos visitar la isla de Chiloé. El cruce de Pargua a Chacao fue con mal tiempo, pero pese a la lluvia y el fuerte viento reinante, de igual manera estuve en la cubierta del ferry "Gobernador Figueroa". Al regresar abordamos el ferry llamado "Fiura", nombre de un ser femenino de la mitología de Chiloé, y fue con día muy luminoso y soleado. Ningún atisbo de mareo u otro malestar relacionado con la falta de experiencia de navegación marítima hubo en aquellos viajes. Lo mismo aconteció con el viaje desde Niebla hasta el puerto de Corral, durante el viaje de regalo de cumpleaños que le dimos mi hermano y yo a nuestra madre.

La Bahía de Corral, desde Niebla
Navegando desde Niebla hacia Corral

A mi tía le señalé que esto del gusto por el mar y el navegar va en nuestra sangre "chilota", a lo que ella respondió con una recomendación: "A mi encanta el mar. Si hubiera sido hombre, yo habría yo sido marino. Ahórrate unos pesos y viaja en un viaje turístico por los canales del Sur. Nunca se te olvidará". No sé cuándo podrá ser eso, pero de que voy a navegar en Chiloé ¡lo haré nuevamente!

Navegando rumbo a Corral




Actualización: En septiembre de 2009 pude descubrir con emoción profunda (casi hasta las lágrimas) que uno de mis bisabuelos y su padre (mi tatarabuelo) tenían un lanchón velero, en el que trsnsportaban y comercializaban maderas en el sur de la isla de Chiloé. El post se llama "Sangre huilliche en mis venas".

sábado, 28 de febrero de 2009

Baldwin Tipo 80 N°820 y el Tren de La Araucanía

Información en el acceso al Museo Ferroviario de Temuco

Aquí inserto algunas vistas fotográficas y de videos capturados en la Casa de Máquinas del Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda de Temuco, los días viernes 30 de enero de 2009, sábado 14 de febrero de 2009, y el día del viaje a Victoria en el Tren de La Araucanía, el domingo 15 de febrero de 2009.

En las indicadas fechas, fue muy agradable tener entretenidas conversaciones y escuchar a dos ex funcionarios de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado de Chile, don Francisco Pedreros y don Sebastián Soto.

Conversando con don Francisco Pedreros

Coincidentemente, ambos conocieron a mi padre en la década de los setentas, uno de ellos cuando mi padre había recién ascendido a Inspector de Tracción en Temuco, y el otro cuando mi padre era el jefe de la Casa de Máquinas de la ciudad de Osorno. Don Francisco Pedreros trabaja para el mencionado Museo como experto en la restauración de equipos ferroviarios; también trabaja como ayudante del maquinista de la locomotora número 820 del Tren de La Araucanía. Don Sebastián Soto es el maquinista de la "Montaña" N°820, y su preocupación, antes de efectuar los viajes turísticos, es la de asear y lubricar a la locomotora, y de operar la máquina en los viajes hacia Victoria y viceversa, o en otros viajes especiales de aquel tren, contratados principalmente por turistas extranjeros.

El maquinista de la 820, don Sebastián Soto

El domingo 15, día del viaje del Tren de la Araucanía a Victoria, llegué lo más temprano que pude al recinto del Museo. Pude así tener imágenes de la locomotora aún en la Casa de Máquinas, al ser subida a la tornamesa y enganchar al tren, y, por último, salir abordo de la N°820 rumbo a la estación de Temuco y desde allí hasta la ciudad de Lautaro, en donde ocupé el asiento que había comprado, para completar el viaje hasta Victoria y regresar más tarde de regreso a Temuco.

Así cumplí con parte de de mi sueño, de poder tener imágenes y vivencias ferroviarias, como las que tuvo en los años 1950, 1960 y 1970 mi ya fallecido padre.

Regresando a Temuco

Aquí presento algunos de los vídeos, que muestran parte de mis vivencias. Para hacer más liviana la página dejo los links a Youtube:

  1. Casa de Máquinas de Temuco
  2. El vapor de la 820
  3. Maquinista de la 820
  4. La 820 en la tornamesa de Temuco
  5. La "Montaña"N°820
  6. Lubricando a la 820
  7. La 820 saliendo del Museo
  8. La 820 rumbo a Lautaro
  9. La N°820 en Victoria
  10. La N°820 en la tornamesa de Victoria
  11. La N°820 rumbo a enganchar el Tren de La Araucanía
  12. Tren de La Araucanía rumbo a Temuco

jueves, 19 de febrero de 2009

Elementos de una locomotora a vapor

Yo, junto a la Tipo 70, "Mikado", N°708. San Rosendo, septiembre de 2007.

Para mucha gente, el cómo funciona una locomotora a vapor es un misterio. Especialmente para quienes no crecieron en el ambiente ferroviario, o las actuales "nuevas generaciones", que ni siquiera saben de lo vital que era el abastecimiento de agua para que estuviera operativa, o con qué combustible se alimentaba al fuego del fogón.

En la estación de Victoria, el día domingo 15 de febrero de 2009, entre los curiosos que conversaban con el maquinista de la locomotora número 820 del turístico Tren de la Araucanía, había personas que querían saber cómo "se hacía partir a la locomotora", algo así como "dónde está la llave de arranque del motor" (¡¡¿¿???!!!!); o para qué era el carbón que se transportaba en el ténder... ¡Cuánta información se ha perdido con el transcurrir de los años! El viejo maquinista tenía que explicar que el carbón se quemaba en el fogón para producir calor, que hace hervir el agua en la caldera y que allí se producía vapor, el que era ocupado para mover unos pistones dentro de unos cilindros, los que empujaban a las bielas, las que finalmente impulsaban a las ruedas motrices. Creo que muchas mentes no pudieron comprender cabalmente este proceso físico y mecánico...

Urgueteando en internet encontré la descripción de las partes de una locomotora a vapor. Aunque la imagen muestra a una del tipo de disposición de ruedas 2-6-2, ella, en general, tiene las mismas partes y elementos de una de mayor tamaño. Para quienes deseen conocer los elementos de una locomotoa a vapor, aquí les dejo los datos:

Elementos de una locomotora de vapor

1. Hogar (fogón); 2. Cenicero; 3. Agua (interior de la caldera); 4. Caja de humos; 5. Cabina; 6. Ténder; 7. Domo del vapor; 8. Válvula de seguridad; 9. Regulador; 10. Cabecera del recalentador en el conducto principal del vapor; 11. Pistón; 12. Tobera de salida del vapor; 13. Mecanismo de accionamiento de la distribución; 14. Palanca de accionamiento del regulador; 15. Bastidor; 16. Bisel posterior; 17. Bisel anterior; 18. Cojinete y eje de rueda motriz; 19. Ballesta; 20. Zapata de freno; 21. Bomba para el freno de aire; 22. Tope; 23. Silbato; 24. Domo arenero.

lunes, 16 de febrero de 2009

Viajando con la 820 en el Tren de la Araucanía

Desde hace un par de años estoy verdaderamente inmerso en la búsqueda de la historia de mi familia, especialmente de la de los ancestros de mi fallecido padre. Es muy poco el tiempo que tengo para hacerlo, debido al compromiso laboral que me impide dedicarle todo el tiempo que quisiera, pero existe una familia propia detrás mío y debo mantenerla. Si no fuera por ello, yo me la pasaría "nadando" todo el día entre los documentos de los archivos patrimoniales en pos de descubrir antecedentes que me ayuden a recrear la imagen de mis antepasados.

Mi padre, mi tío Hernán (hermano mayor de mi papá), y mi abuelo fueron ferroviarios, siendo sólo mi padre quien prestó servicios en el área de Tracción y Maestranzas de la Empresa de Frerrocarriles del Estado, que era donde literalmente "las papas queman", comenzando por los distintos grados inferiores, tales como alumno limpiador en la Casa de Máquinas de Temuco (julio del año 1949), aprendiz, caldeador, fogonero, maquinista de las distintas categorías y en diferentes locomotoras a vapor y Diesel eléctricas, hasta llegar al escalafón de jefaturas en el año 1977, cuando ascendió a Inspector de Tracción, culminando su carrera funcionaria en el año 1981 como jefe de la Casa de Máquinas en la ciudad de Osorno.

A través de esta búsqueda de información histórica y genealógica he descubierto que mi bisabuelo José de la Cruz Acuña Urrutia tenía el oficio técnico de albañil, siendo muy probablemente partícipe de la construcción de diversas obras de arte ferroviarias desde Collipulli hasta Victoria. En esta ciudad debió tener residencia desde más o menos 1884 y hasta 1893, pero en el año 1883 residía en Collipulli, lugar del nacimiento de su hijo Francisco Javier. En aquella localidad probablemente habría trabajado en los estribos o fundaciones del famoso e imponente viaducto sobre la quebrada del río Malleco. Aún no lo he podido confirmar, pero hasta el año 1900 debió haber trabajado en diversos tramos de la vía férrea que penetraba por vez primera la Araucanía, continuando su peregrinaje desde Victoria hasta Temuco, y, finalmente, desde Temuco hasta Pitrufquén, tramo en el que probablemente conoció al ingeniero belga Gustave Verniory, que dirigió las obras ferroviarias entre las jóvenes localidades de Lautaro y Temuco ,y desde esta ciudad hasta Pitrufquén, desde los años 1889 y hasta 1899. Este ambiente de trenes rodeó a la familia de mi bisabuelo, incorporándose uno de sus hijos, mi abuelo José Acuña Navarrete, a la Empresa de Ferrocarriles del Estado alrededor del año 1911 cuando residían como colonos en la hijuela que le había concedido a mi bisabuelo el Fisco de Chile, en la Colonia Nueva Transvaal de Gorbea, o en uno de los sitios adquiridos de la misma manera en el pueblo de Gorbea, al sur de Pitrufquén.

Mi padre siempre fue muy reservado en cuanto a su vida laboral, quizás para no asustar a su familia con los accidentes y peripecias que le tocó experimentar en su vida en los ferrocarriles chilenos. Sólo hacia el fin de sus días contó algunas pocas cosas, como aquella ocasión en la que respondiendo a mi consulta me dijo que la locomotora en que más le gustó ser el maquinista fue la tipo ochenta o "montaña". Ninguna fotografía hay en la que mi querido padre haya sido inmortalizado abordo de esa poderosa mole negra. Al menos recordó que una de las locomotoras que tripuló fue la número 803, la que hoy está guardada en el Museo Ferroviario Pablo Neruda de Temuco.

Como una manera de "vivir" en carne propia lo que era tripular una locomotora tipo ochenta, solicité los permisos respectivos y el día domingo 15 de febrero de 2009 pude viajar abordo de la locomotora que tracciona al Tren de la Araucanía, al menos en el tramo comprendido entre Temuco hasta la ciudad de Lautaro. Viví emociones muy íntimas que me hicieron ver al maquinista de la número 820 como a mi padre, hace décadas atrás, cuando viajaba en este tipo de locomotoras desde Concepción hasta Talca, o desde San Rosendo a Temuco y desde allí hasta Osorno o hasta la punta de rieles chilena, la ciudad de Puerto Montt. Fue casi un entorno "familiar" el vivido en la 820, pues el maquinista conoció a mi padre cuando éste era el jefe de la Casa de Máquinas de Osorno; además, el ayudante del actual maquinista de la 820 también conoció a mi papá en Temuco, a mediados de los años 1970.

Dos ferroviarios jubilados que conocieron a mi padre

Una raya de hollín en mi frente. En la cabina de la 820, rumbo a Lautaro

Ver operar al maquinista los diferentes comandos de la inmensa locomotora y el apreciar la labor técnica y de precisión del ayudante, o "fogonero", poniendo con justeza las paladas de carbón de Curanilahue en los diversos sectores del fogón, fue una experiencia alucinante. Por primera vez escuché el "canto de la pala", como lo señaló el maquinista, que es el sonido metálico y vibratorio que se produce al chocar la pala con el borde del fogón. Un sonido que no tuve la oportunidad de apreciar era el "canto" de las ruedas motrices. De ello me había hablado previamente el maquinista, sonido que se produce principalmente cuando las inmensas ruedas motrices con rayos no son forzadas en subidas, como en las bajadas o pendientes, y pasan "livianas" por las junturas de los rieles, lo que puede ser apreciado en la "bajada" hacia Temuco desde Victoria, y no al revés.

La locomotora 820 devora bastante carbón, más de 20 kilos por kilómetro andado, siendo aún así una locomotora "económica", pero lo que más consume es agua. La tipo ochenta vaporiza para su funcionamiento miles de litros de agua, y al no existir actualmente "caballos de agua" operativos en las estaciones ferroviarias, la número 820 del Tren de la Araucanía debe llevar, además de la carga propia del ténder, un carro algibe con 50.000 litros para abastecer el depósito del ténder mediante una motobomba y así poder relizar el viaje de ida y regreso.


Algo también muy emocionante de ver en este viaje fue el cariño, la nostalgia y el aprecio por el tren con tracción a vapor que siente la gente de todas las edades de los poblados y sectores rurales, por donde pasan las vías del ferrocarril, lugareños que, cuando el maquinista hacía sonar el pito de la locomotora, salían corriendo al encuentro del tren, saludando con sus manos y brazos en alto a los pasajeros, con la alegría de ver una antigua máquina a vapor aún "viva". Me fue realmente conmovedor el lograr apreciar a un hombre anciano, en las cercanías de la localidad de Perquenco, que había salido al encuentro del tren ondeando con energía una gran bandera chilena. No era un loco, si no un nostálgico sobreviviente de la dorada época de los ferrocarriles chilenos. Eso me demostró, una vez más, que el ferrocarril con tracción a vapor siempre será parte vital de la historia de la nación chilena, en especial en la incorporación de Araucanía al resto del país, en una época en la esta zona era llamada "La Frontera", fundándose villas y pueblos alrededor de las estaciones ferroviarias.

Estación Lautaro

El viaje de ida culminó en la antigua estación de Victoria. Un inmenso patio de maniobras con muchas líneas secundarias, hoy convertidas en un pastizal que cubre los "dormidos" durmientes y rieles oxidados, habla de un glorioso pasado ferroviario. Allí presencié las maniobras de la 820 para viajar a la tornamesa, ubicada al sur de la estación, en donde se invertiría su frente de avance.
La estación Victoria, hacia el año 1900 (www.memoriachilena.cl)

Estación Victoria

Algo que atrapa en el tiempo fue observar el centenario y bien cuidado edificio de la estación de ferrocarriles de Púa, y los restos de las oxidadas locomotoras y ténder que allí se encuentran. Aquella estación fue el punto desde el que nacían los ramales hacia la ciudad de Traiguén, antigua zona triguera, y hacia Lonquimay, zona productora de maderas, en la precordillera andina, éste último, recorrido por mi padre a principios de los años 1970 cuando él ya era maquinista de primera.

Centenario edificio de la estación ferroviaria de Pua

Mi afán de fotografiar y filmar en video todo lo ocurrido en este viaje, me pasó la cuenta. Al llegar a la estación de Temuco ya no le quedaba cinta a mi vieja cámara Sony Hi8, ni memoria ni carga en ninguno de los pares de pilas de mi cámara digital. Fue triste, pues no pude grabar ni fotografiar a la 820 cuando iba a ser guardada en la casa de Máquinas del Museo Ferroviario, aunque temprano por la mañana tuve la primicia de tener imágenes de ella cuando la subieron a la tornamesa y la sacaron al patio para enganchar los coches del Tren de la Araucanía.

viernes, 6 de febrero de 2009

Hermosas "Mikados" y "Montañas"

La 820 del Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda, en estación Temuco

A mí, como a muchos amantes nostálgicos del transporte ferroviario de Chile, la mejor época de esa actividad tuvo que ver con los trenes con tracción a vapor. Bufantes moles de fierro y acero, bronce y plomo recorrían las líneas de los patios de maniobras de las estaciones, armando los convoyes de carga y de pasajeros, que eran incorporados a la línea central en donde más grandes y poderosas locomotoras salían a recorrer nuestro angosto país, y, desde aquellas principales vías, coches y carros de carga para distintos tipos de mercancías eran derivados a las vías de los ramales cordilleranos y costeros.

Una de las mejores invenciones de la ingeniería humana, resultante de las acostumbradas pruebas de errores y aciertos de lejanas tecnologías, fue la máquina de vapor, que dio origen a las imponentes locomotoras que dieron vida y emociones a las estaciones ferroviarias, a sus trabajadores, a los pasajeros, a los vecinos de aquellos recintos y la gente que por pura curiosidad cada día iba al encuentro y a la observación de los trenes.

El Diario Austral de Temuco informa sobre la adquisición de nuevas locomotoras

Mi padre comenzó a probar en "vivo y en directo" ese ambiente de negras locomotoras a vapor chilenas cuando fue recibido como alumno limpiador en la Casa de Máquinas de la ciudad de Temuco, en el mes de julio del año 1949. Al comienzo, su labor principal no tuvo nada de "romántico", debido a que sus deberes incluían asear los oscuros latones y las enormes ruedas de las locomotoras que llegaban a su mantención, sucias con la tierra que se pegaba en la grasa y el aceite que lubricaba todas las partes móviles de sistema de propulsión a vapor, y que formaban gruesas capas sobre el metal después de cada largo viaje por las vías del Sur de Chile. Empuñando el "huaipe" mojado con petróleo (un manojo o montón de hilos sueltos y entrelazados que forman un primitivo "paño limpiador", palabra castellanizada, derivada de la voz inglesa "wipe", que significa limpiar) debió haber pasado horas restregando las ruedas de una locomotora, hasta entregarla limpia, para su inspección. El "huaipe" llegó a ser un compañero inseparable de mi padre, ya que en cada bolsillo de su ropa de trabajo, y hasta en su vestimenta formal, siempre había un poco para cualquier eventualidad. Cuando mi padre se casó, cada vez que mi madre le lavaba la ropa de trabajo, ella retiraba esos montones de motas de cada bolsillo de sus pantalones y camisas.

El típico "huaipe" no puede dejar de estar presente en la N°820

Desembarco de una locomotora tipo 80, o "Montaña", en el puerto de Valparaíso

Mi padre llegó a conocer y operar las más grandes locomotoras que pudieron circular al sur de San Rosendo: las tipo ochenta o también llamadas "montaña", con disposición de ejes 4-8-2 ( o sea, cuatro ruedas delanteras, ocho ruedas motrices y dos ruedas traseras. Estas locomotoras fueron asignadas a la zona Sur de Chile, cuando fue aumentando el número de pasajeros y la carga a transportar, ya no pudiendo las pequeñas locomotoras tipo 57 cumplir con los itinerarios por ser más lentas y no tener mayor poder de arrastre. Las tipo 70 (Mikado), disposición de ruedas 2-8-2, eran más poderosas, pero no estaban diseñadas para alcanzar las velocidades requeridas por un tren de pasajeros, y se usaron principalmente para traccionar trenes de carga.

Sólo al conversar con un viejo ferroviario jubilado en el velatorio de mi padre, que comentó que había sido ayudante de él, pude enterarme de que a mi querido viejo, además de lo que me había contado él personalmente (que las tipo 80 eran muy cómodas), le encantaba sacarle velocidad o "hacerlas correr". Seguramente para cumplir con los itinerarios debía andar más rápido, y las tipo 80 podían andar a 100 kilómetros por hora en aquella época, cuando las vías estaban en bastante mejor estado. ¡Querido viejo, te lo tuviste guardado por décadas! ¡Qué hermosas son las "Mikado" y las "Montaña"!
La "Mikado", Tipo 70, N°714. Ruedas azules: locomotora de tren de carga

miércoles, 4 de febrero de 2009

"Royal Enfield", una tradicional moto inglesa

Mi hermano me ha introducido al fascinante mundo de las motocicletas hasta el punto de yo desear tener, algún día, una propia que me lleve a los lugares que quiero visitar, sin restrcciones de horarios o itinerarios de buses.

Hace un par de años él adquirió una "chinita" de 250 cc, marca Lifan con motor V-Twin. Su impresión, tras haber tenido motos japonesas, y haber probado por un tiempo prudente su Lifan, fue "Los chinos me hicieron feliz". Pese a aquello, su deseo era modificarla para que se pareciera a una chopper americana, al tradicional estilo de la de la película "Busco mi destino". Para ello efectuó la extensión de las telescópicas, cambiando el ángulo de la horquilla y subiendo el estanque de combustible, trabajo que realizó con sus propias manos, sin intervención de ningún taller especializado. A medida que tuvo tiempo, fue haciendo otras modificaciones para mejorar la perfomance de su motocicleta, tales como agregarle un radiador de una antigua 'citroneta' (para enfriar el aceite), hacerle extensiones a los pedales (mi hermano mide 1,85 mts), ya que, al tener sus piernas largas, la posición original de los pedales le era incómoda para viajes de varias horas. La última modificación fue cambiarle el sonido al escape del motor, quedando uno más ronco y ronroneante. Un muy buen trabajo, que se ilustra en estas imágenes.

Así era la Lifan, nuevecita "de paquete"

La Lifan, mejorada por mi hermano

Como le sucede a todo 'motoquero' (motociclista, en la jerga chilena), su vehículo le comenzó a quedar "chico", y el motor de 250 cc ya es poco para él. Con motivo de una accidental estadía en la ciudad de Temuco, me invitó a acompañarle a visitar a un representante del importador de las motocicletas "Royal Enfield", que tiene su actual domicilio en el kilómetro 4,5 de la ruta Freire a Villarrica, al Sur de la ciudad de Temuco. Mi hermano quería conocer aquella "máquina", una tradicional moto inglesa estilo retro o clásica, fabricada desde hace muchos en la India, ex colonia inglesa. Llegamos al lugar publicitado por la página web de la Royal Enfield Chile, y nos atendió un hombre muy amable, cortés y notoriamente apasionado por esta antigua y clásica marca inglesa, don Erwin Eberlein. Como muestra de su confianza en el verdadero interés demostrado por mi hermano, don Erwin sacó de su taller su propia Royal Enfield, modelo Bullet Electra 350, le encendió su motor y se la facilitó a mi hermano. Ya el sonido del escape del motor marcó una notoria diferencia, con ese clásico "tup-tup-tup-tup-tup". Mi hermano salió a probarla en la carretera, recorriendo unos dos kilómetros en dirección hacia Villarrica. Cuando regresó, su rostro demostraba la sensación que había sentido. Su voz, al hablar de lo fácil que era conducirla y de sus prestaciones, expresaba satisfacción por aquella máquina, y me refiero a un conocedor de motocicletas, por lo que escucharlo hablar así de ese vehículo era entender de la calidad de aquel vehículo.


La Royal Enfield, modelo Bullet 350

Como mi hermano no piensa en 'pequeñeces', manifestó su deseo de poder adquirirle pronto al señor Eberlein una del modelo "Bullet Machismo" de 500 cc, quedando así invitado a conformar un futuro club de dueños de una Royal Enfield, una clásica motocicleta diseñada en los años 1950 por esa antigua firma inglesa.

La Royal Enfield, modelo Bullet Machismo 500

sábado, 31 de enero de 2009

La partida del último Acuña Aguilera

Instituto San José de Temuco (hoy Colegio de La Salle, aproximadamente año 1934)

De 17 años de edad. Año 1944

Concepción. Terremoto del 21 de mayo del 1960

El martes 27 de enero de 2009, a las 19:00 horas, mi padre Ramón, ha abandonado este mundo... A la edad de 81 años, el último representante de la familia Acuña Aguilera, formada con el matrimonio de mis abuelos paternos en el año 1921 y completada con el nacimiento de mi tío José Domingo en el año 1935, partió a su descanso de las vicisitudes de esta vida mortal. Un conjunto de enfermedades invalidantes le fueron quitando su vitalidad y movilidad, hasta dejarlo convertido en un disminuido anciano, cuya vida en los últimos 10 años fue tremendamente compleja, siendo su fallecimiento un descanso y alivio para lo ingrato de su existencia física en esta última etapa de su vida.
Marzo 1997
Enero 2005

Diciembre 2006

Marzo 2008


Pese a la tristeza del acontecimiento, nos sentimos reconfortados por el cariño y fortaleza que dieron a su familia sobreviviente los parientes, vecinos, amistades, y conocidos. Algo que me provocó mucha emoción fue el conocer de boca de ex compañeros de mi padre, también hoy ferroviarios jubilados y que estuvieron en el velatorio, palabras referentes a su trabajo como maquinista en la Empresa de Ferrocarriles del Estado de Chile. Uno de ellos, don René Ortíz Castillo, nos contó que fue ayudante de mi padre en la época de las locomotoras a vapor hacia fines de los años 1960, y que trabajaron juntos en el tramo comprendido, por el Norte, entre el nodo ferroviario de San Rosendo hasta Puerto Montt, por el Sur. Nos relató que ambos cuidaban muy bien las locomotoras que tenían a cargo, y que mi padre se apegaba estrictamente a las normas y al reglamento, aunque le gustaba "hacer correr" a las locomotoras tipo 80 "Montaña", y que pasaban raudos por las estaciones con los trenes. Mi hermano exclamó: "¡ Ahí está. Por eso es que me gusta la velocidad!". Así, varios otros ancianos ex ferroviarios comentaron sus recuerdos en relación con mi padre y su trabajo en el ambiente ferroviario, siendo la primera vez que hemos sabido de experiencias de mi padre en su ambiente laboral, por haber sido él muy reservado y no haber nunca comentado mucho de lo referente a su función en la Empresa de Ferrocarriles, en los más de 30 años de servicio en aquella.

Sus funerales se efectuaron el día jueves 29 de enero en la capilla de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cercana al domicilio de mis padres, y sus restos fueron sepultados, tras una breve ceremonia, en el hermoso Cementerio Parque Jardín Las Flores, en el camino hacia la localidad de de Chol Chol, kilómetro 4,5.



Aunque el hecho de no tener la compañía física de mi padre, a causa de la muerte, estamos en paz y tranquilidad, gracias al conocimiento que nos ha proveído el Evangelio, referente al propósito de la vida terrenal y al conocimiento de la futura y gloriosa resurreción de los muertos, y a la promesa de la unión eterna de las familias terrenales.