sábado, 16 de agosto de 2008

Locomotora número 803... ¿u 841?

Mi padre, en el año 2005.

Hace un par de años atrás, cuando la enfermedad de mi anciano padre aún no afectaba su mente y él podía responder a las preguntas sobre su historia ferroviaria, contestando a mi consulta sobre en cuál tipo de locomotora le había agradado más trabajar, me contestó: "La tipo ochenta. Era muy cómoda". Luego, esperando que pudiera seguir recordando, le dije: "Se recuerda del número de alguna locomotora tipo ochenta en la que haya trabajado?", y me contestó: "La 803". Tiempo después, con gran alegría pude percatarme que la "Montaña" número 803 había sido salvada del desguace y que se encontraba en el Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda de la ciudad de Temuco. Hoy me propuse visitar el museo y tocar esos fríos fierros pertenecientes a esa mole de acero que mi padre tuvo el placer de conducir hace décadas atrás. Al llegar al lugar tomé fotografías del parque que da acceso al museo, que que se encuentra ubicado en el gigantesco edificio que fue la Casa de Máquinas de Temuco.

Semáforo que da la bienvenida al parque del museo

Acceso a la Casa de Máquinas y Museo Nacional Ferroriario Pablo Neruda

De aquel lugar conservo en mi mente los recuerdos de una ocasión (en un verano de aproximadamente el año 1975 o 1976) cuando, junto con mi hermano, mi padre nos llevó al recinto de la Casa de Máquinas. Mientras él se dedicaba a desconocidas labores fuera de nuestra vista, pudimos observar desde la ventana y puerta de una pequeña oficina al lado de las vías, en la que nos había dejado, el ajetreo de las locomotoras a vapor, el ir y venir del personal que trabajaba en el lugar, el paseo de un lugar a otro de unos turistas norteamericanos amantes de las locomotoras a vapor que filmaban la actividad del lugar, y también... los grotescos y obscenos dibujos en la paredes de la oficina en que estábamos. Después de estar allí, llegó nuestro padre y nos llevó a conocer el trabajo de la Carbonera. Dentro de una pieza adosada a la mole de fierro y concreto había un operario que tenía su cara llena de polvillo negro del carbón de piedra. El ruido dentro de esa pieza era ensordecedor. En mis oidos empecé a percibir un pitido que no me dejaba escuchar las explicaciones ténicas respecto del funcionamiento de la Carbonera, pero por la observación entendí que el trabajo del operario era cargar unos capachos con el carbón depositado en una gran ruma al lado de aquella construcción y hacer subir ese capacho unas decenas de metros, para luego volcar el contenido en la parte superior de la carbonera. De esta manera el carbón bajaba por gravedad hacia los ténder de las locomotoras que se situaban debajo de esa enorme estructura.
En el lado izquierdo existía la pieza en cuyo interior trabajaba el operario que hacía subir el carbón en un capacho
Mi estatura es de 1,75 mts. , lo que indica el tamñao de la carbonera.

Hoy el sitio no está lleno de chatarra ni de pastizales, si no que una gran superficie de ese terreno fue vendido hace unos años atrás a una empresa inmobiliaria que construyó un conjunto habitacional, quedando un retazo de terreno, que incluye a la Casa de Máquinas, que fue entregado a la Municipalidad de Temuco para un proyecto del museo, el que hoy alli funciona.

Parque de acceso público.

Me dirigí en búsqueda de la 803, y al encontrarla le tomé varias fotografías; incluso pedí autorización para subirme a la locomotora y fotografiarme en aquel vehículo tractor que un día fue manejado por mi padre.

La "803", pero en realidad es la 841.

Después de fotografiarme y recorrer el lugar obervando otras locomotoras tipo 80, pude percatarme que el número de cada una de las locomotoras está grabada en un eje de una pieza que forma parte del sistema móvil de las bielas. Para cerciorarme de que eso fuera la regla, verifiqué este antecedente en varias locomotoras, confirmando que aquello era cierto. Finalmente fui hasta la número 803, encontrándome con la desagrabable sorpresa de que el número estampado en el acero era el 841. Como recordé que la locomotora 841 también estaba en otro sector del museo, me dirigí hasta ella y verifiqué el número identificatorio: ¡¡¡ Aquella era la verdadera 803 !!!

La verdadera 803, pero rotulada como la 841.
La prueba de que la locomotora 841 es en realidad la 803.

Le hice saber aquel error a una funcionaria, quien me señaló que en los cuatro años de funcionamiento del museo yo era la primera persona que me daba cuenta de ese error. Dejé la constancia en un libro de visitas y además pregunté sobre qué departamento de la Muncipalidad de Temuco era responsable del museo, para contactarme con aquel, y que, de esta manera se pudiera hacer en algún momento la respectiva corrección. La reparación del error no es muy sencillo de realizar, ya que hay que borrar en las dos máquinas a vapor el número pintado en ambos lados de la cabina, trasladar el monolito con la placa que señala la historia de la locomotora y cambiar el número de bronce que está fijado en el frente de la máquina. El error ya era conocido en el museo, pero yo he sido el primero en descubrirlo, y si no se ha hecho el cambio en todo este tiempo, la burocracia de siempre es la culpable.

Después de todo aquello, no perdí la oportunidad de fotografiar la locomotora número 820, la única operativa que existe en el museo, y que sirve para llevar, una vez por mes, el Tren de La Araucanía hacia la ciudad de Victoria y regresar nuevamente hasta Temuco.

La tipo 80 número 820

En la cabina de la 820.

Pese al error hallado, de todas maneras fue una sensación hermosa el poder tener acceso a la que fue la locomotora que mi querido padre más le agradó conducir, y que providencialmente también está en el Museo Nacional Ferroviario Pablo Neruda de Temuco.



Video de la N° 820, con el nuevo Tren de La Araucanía.