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domingo, 22 de julio de 2012

La cultura del "no-lugar" (o los basurales a orillas de la vía férrea)

Resido en un conjunto habitacional frente a la vía férrea y no me molesta el paso de los trenes cargueros al Sur o al Norte. Todo lo contrario, aunque sea de madrugada, el claxon de la locomotora y el traqueteante sonido de las ruedas de los boguies de los pesados carros al pasar por la junturas de los rieles, es música para mis oidos. Sin jamás haber sido un  funcionario ferroviario (aunque sí hijo, sobrino y nieto de ellos) siento aprecio por los lugares que se identifican con el ámbito del ferrocarril. Por ello es que me resulta repulsivo el que se agredan los lugares que tienen que ver con la historia y el patrimonio tangible que se encuentra a orillas de los rieles. Me indigna que las personas destruyan a pedradas, incendien, roben y dejen sus desechos en aquellos sitios y construcciones de nuestro ferrocarril que fueron los lugares de trabajo y de paso de tantas personas en el pasado.

Crecí con la premisa de "cada cosa en su lugar". Fui enseñado a no dejar la ropa sucia bajo la cama, a no dejar mi ropa ni mi bolso del colegio tirado por cualquier lugar, lustrar mis zapatos y cortarme el pelo apenas mis orejas comenzaran a ser tapadas, etc...Aún resuena en mi mente la voz de mi padre diciendo "Ooorden, oorden"; seguramente el repetía lo mismo que mis abuelos le enseñaron. Ésto es mi cultura.

Cultura no es sólo el "cultivarse", si no que (como se puede leer en la Wikipedia) ésta puede clasificarse en:

Tópica: La cultura consiste en una lista de tópicos o categorías, tales como organización social, religión o economía.
Histórica: La cultura es la herencia social, es la manera que los seres humanos solucionan problemas de adaptación al ambiente o a la vida en común.
Mental: La cultura es un complejo de ideas, o los hábitos aprendidos, que inhiben impulsos y distinguen a las personas de los demás.
Estructural: La cultura consiste en ideas, símbolos o comportamientos, modelados o pautados e inter-relacionados.
Simbólica: La cultura se basa en los significados arbitrariamente asignados que son compartidos por una sociedad.


Conversando con mi hija mayor (antropóloga) sobre las causas que motivan a la gente a deshacerse de su basura, botándola a orillas de la vía férrea o sea, en la faja fiscal ferroviaria (pese a que el camión recolector pasa 3 veces por semana), ella mencionó algo bien interesante, diciéndome: "Lo que pasa es que, para ti, la línea del tren  es un espacio que tiene un significado y para la gente que bota su basura allí, es un no lugar". Me explicó sobre el concepto acuñado por el antropólogo francés Marc Augé, que expresa que el "no lugar" es un lugar circunstancial, sin importancia para ser considerado por un individuo como un "lugar significante" y que siente que no es un aporte a la identidad de aquella persona.


Bueno, la vía férrea, las viejas estaciones y otras construcciones abandonadas, los puentes, etc., que conforman el patrimonio ferroviario, son para mí importantes, tienen significancia y un lugar en mi cultura. Lamento que otras muchas personas hayan crecido con desapego por el orden y la limpieza y que sientan que los lugares que no tienen significado o valor en su cultura, pueden ser considerados sus basurales o una expresión de sus carencias.

lunes, 6 de agosto de 2007

Lo que una colina nos enseñó...

(Vista del centro de la ciudad de Temuco, desde el cerro Conun Huenu)

Cualquier escalador, o un simple excursionista, podrá señalarnos lo gratificante que es alcanzar la cima de una alta cumbre o la de una simple colina que domine el paisaje circundante. Para alcanzar su objetivo, el deportista ha debido realizar un esfuerzo físico y de voluntad. Ha sudado, jadeado, se ha desgastado, ha recibido magulladuras, pero la recompensa es gratificante: admirar el panorama desde arriba, con la visión de los valles, las fuentes de agua, los bosques, los poblados y villas, los caminos y carreteras, las lejanas montañas, respirar un aire distinto, y el sentir la brisa de las alturas - que nos provoca una sensación de libertad y de poder.

En el verano de hace un par de años, mis pequeñas hijas y yo, escalamos una colina llamada "Cerro Conun Huenu" ("Puerta del cielo", en voz 'mapudungun' - la lengua de los aborígenes del sur de Chile). Desde nuestro hogar, ubicado en el Municipio de Padre Las Casas (en la ciudad de Temuco) caminamos unos veinte minutos, hasta llegar al lugar en que comenzaría nuestra ascención. El trepar hasta la cumbre nos llevó otros treinta minutos adicionales. En el caluroso trayecto de subida, por entre maleza con espinas, una de mis hijas se quejaba que estaba muy cansada, y no quería seguir, y la otra sudaba pero no hacía comentarios. Nos deteníamos a descansar, bebíamos algo de líquido para evitar la deshidratación, y, después de unos minutos, les animaba a continuar. Así llegamos a nuestra meta. ¡Qué hermoso panorama! El valle, cruzado por el Río Cautín, la moderna y creciente ciudad de Temuco, el majestuoso Cerro Ñielol con su imponente vegetación nativa- es el extremo sur del cordón montañoso que se extiende hacia el Nor Oeste del valle -, y en la lejanía, las montañas de la Precordillera de la Costa de Chile. Ante este panorama, el comentario que hice a mis hijas fue algo así como: "Si no hubiésemos llegado hasta aquí, no podríamos haber observado este hermoso paisaje". Transcurrido un par de horas, y tras excursionar en busca de frutos silvestres, decidimos regresar. Ahora debíamos descender hasta la base de la colina. Una de mis hijas, ante la ansiedad por regresar hasta casa, decidió bajar más aprisa de lo que el sentido común dictaba. Como resultado, la fuerza de gravedad hizo que comenzara a tomar mayor velocidad en el descenso, perdiendo el control de sus piernas, y que comenzara a rodar por la inclinada pendiente, lastimándose la piel con el suelo y los espinozos arbustos que no pudo evitar en su rodada, siendo uno de esos arbustos el que la hizo frenar y detener su carrera.

Ya de regreso en casa, y tras asearnos y disfrutar de una rica alimentación para reponer las energías consumidas, la experiencia vivida me ayudó a enseñar a mis hijas:

"Todo aquello que sea bueno para nuestra edificación como seres humanos, requiere de un esfuerzo contínuo y una lucha dedicada, logrando por resultado un alivio y un sentimiento de bienestar en nuestros espíritus. Al contrario, todo lo que sea degradante para nuestra vida no requiere esfuerzo alguno de nuestra parte, simplemente, es 'dejarse llevar', o entregarse, sin oponernos, a las fuerzas destructivas de los apetitos descontrolados, lo que produce graves y dolorosas heridas en el alma".



Cuando en el transcurso de nuestra vida hemos ido fortaleciendo los músculos espirituales, en la subida de la "Colina de la Rectitud", estaremos mejor preparados para pasar a través de las espinas de la aflicción en nuestra existencia terrenal.

Es la ley de la vida: "Toma libremente tus decisiones, y espera las consecuencias de ellas: llegarán sin llamarlas, más temprano que tarde". Somos libres de optar por una u otra cosa, pero no podemos elejir la consecuencia de la elección. De esta manera ¿no es mejor optar por el bien?

Entonces, la meta es no abandonar los principios, para lograr el objetivo........